Beneficios y curiosidades sobre el helado

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Grasas heladas. Cuando consumimos un helado, las grasas que contiene este postre veraniego se abren camino hacia el cerebro y le mandan señales a las neuronas para que ignoren las señales supresoras del apetito procedentes de la leptina y la insulina, dos hormonas implicadas en la regulación del peso corporal. Concretamente existe una grasa, el ácido palmítico, responsable de que un rico helado no nos sacie, según publicaban Deborah Clegg y sus colegas de la Universidad de Texas en la revista The Journal of Clinical Investigation.

Dolor de cabeza. La cefalea del helado es un fenómeno que se produce cuando ingerimos helado o hielo demasiado rápido. Sucede porque nuestra boca y nuestra lengua, que están muy vascularizadas, no tienen tiempo de absorber el frío si ingerimos el alimento helado demasiado rápido. Y entonces cambiamos la temperatura de la garganta a la altura del cruce entre la arteria carótida, que riega de sangre al cerebro, y la arteria cerebral anterior.

“El dolor de cabeza nos avisa de que se estamos enfriando el cerebro demasiado rápido para que frenemos”, asegura Dwayne Godwin, neurocientífico del Centro Médico Bautista de la Universidad Wake Forest (EE UU). Apretando la lengua contra el paladar o ingiriendo una bebida templada podemos rápidamente normalizar la temperatura de la boca y que lograr, así, que el dolor desaparezca.

Comer helado, relaja. Según concluía una investigación del Centro Médico de la Universidad de Maryland (EE UU), los helados contienen triptófano, un aminoácido que nos calma y reduce la agresividad, aumentando la producción de serotonina u hormona del bienestar. Eso ayuda a combatir el estrés, a relajarnos y a dormir mejor.

Bacterias heladeras. La bióloga Virginia Walker, de la Universidad de Queen (Canadá), ha descubierto un tipo de bacteria que ayuda a crear tanto helados como nieve artificial de una manera sencilla.

Tal y como daba a conocer en la revista Environmental Microbiology, ha encontrado bacterias que inhiben la recristalización del hielo, una propiedad tremendamente útil en la producción de helado ya que evita que se formen cristales, pierda cremosidad y se vuelva “crujiente” al almacenarlo.

Nutritivo. El helado es un alimento que podría calificarse de nutritivo, según publicaban científicos de la Universidad de Barcelona en El Libro Blanco de los Helados. Concretamente, entre un 10 y un 20% de la cantidad diaria recomendada de calcio se consume con 100 g de helado de crema, de leche o helado.

A esto se añade que el consumo de esta misma cantidad puede cubrir entre un 10 y 15% de las necesidades diarias de vitamina B12 y hasta un 10% de la cantidad de proteína que se necesita ingerir a diario.

Más dulce al derretirse. Un mismo helado sabe menos dulce cuando está frío que cuando se calienta. Los científicos lo atribuyen a que la percepción de este sabor depende de unas células presentes en las papilas gustativas de la boca que poseen unos canales de calcio sensibles a la temperatura.

Así, cuanto más caliente está un alimento, más intensa es la señal que envían estas células al cerebro. Los expertos recomiendan comer el helado a una temperatura ideal de -15ºC para disfrutar plenamente de su sabor.

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